LA opinión
Miércoles 22 de octubre de 2014
Les reconozco que todavía no me he recuperado de la última majadería de nuestro querido Gobierno. Porque aunque después hayan tratado de salir del inmenso charco atómico en el que se han metido, lo dicho, dicho está.
Y el ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, fue muy claro cuando se le preguntó si el Ejecutivo está dispuesto a replantearse su política sobre las centrales nucleares. “Admito que la política industrial, incluida la energética, incluida, quizás, la prolongación de las nucleares, está formando parte de las conversaciones y todo sea en mi opinión por conseguir un acuerdo”. Las conversaciones a las que se refería Jáuregui son las que mantienen Gobierno, sindicatos y empresarios sobre la reforma de las pensiones. En definitiva, un cambio de cromos que supone una esperpéntica mezcla entre la jubilación de las nucleares y la de las personas. Zapatero ha tenido que dar un paso hacia atrás y desde su Gabinete atribuyen a un error de comunicación la ocurrencia de compensar la prolongación de las jubilaciones a los 67 años con la prórroga de las centrales. Pero esta “polémica disparatada” –así la define Rubalcaba- tiene un problema de fondo: que el actual Gobierno ha alimentado desde el primer día un auténtico desaguisado en materia energética. Además, demuestra que en sus decisiones priman los criterios políticos sobre los técnicos, en el cierre de Garoña y también en la ubicación del ATC. Y mientras, al sufrido contribuyente no le dejan casi ni el derecho al pataleo con subidas del recibo de la luz como la de este mes, casi un 10%. Según el ministro Sebastián “poco más que un café”. Pues eso◆
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